Si yo pudiera hablar
Ñandejára
si mi lengua supiera pronunciar ñe’ëte
si yo pudiera deshacer el alfabeto
del tiempo y la memoria
cheresapyso nga’u raka’e
y amasara en mi boca ñe’ë porä joguahami
si descifrara el pentagrama de los vientos
ajora ojokuáva che kü
si pudiera convocar a los antiguos ayvu jára
ogueru nga’u chéve su dulce mimby
si anidaran aquí che ahy’okuápe
tojora che pytúpe okéva
si me escucharan todos
umi nacherenduvéiva
si supiera cantar
Aña membyre.
18 sept. 2011
1 ene. 2011
Tatatina
Agosto
el invierno declina
más triste que nunca
las flores de lapacho
pelean vanamente
con el gris
un sol rojo dormita
en el cielo sucio
la hojarasca es un tapiz
petrificado
y el polvo es una lluvia suspendida
en el aire muerto.
Agosto
ka’aru puku
el viejo Tatatina
pareciera haberse puesto
viejo del todo. 35
Tatatina…
¿Ipaháiko reju sapy’arei
ha nerembopyahu mo’ävéima
ore rekove?
(Del libro Ogue jave Takuapu, Editorial Arandurá, 2010)
el invierno declina
más triste que nunca
las flores de lapacho
pelean vanamente
con el gris
un sol rojo dormita
en el cielo sucio
la hojarasca es un tapiz
petrificado
y el polvo es una lluvia suspendida
en el aire muerto.
Agosto
ka’aru puku
el viejo Tatatina
pareciera haberse puesto
viejo del todo. 35
Tatatina…
¿Ipaháiko reju sapy’arei
ha nerembopyahu mo’ävéima
ore rekove?
(Del libro Ogue jave Takuapu, Editorial Arandurá, 2010)
18 abr. 2010
Mboriahu retä
15 mar. 2009
Siete kunumi
Siete kunumi
Siete kunumi
michimi, ape sÿi
siete popaje mimi
ára ro’y mbytetépe.
Siete mymba retemi
taviju ha kusuvi
siete tĩhe’õmíva
ohechakuaáva ko yvype oĩva
peteĩhetũ hetũme
siete tuguái rorymi
siete jurumi ojapóva
ñembyahyi purahéi atã
ko’ẽ mboyve
siete kunumi
siete popaje
siete vy’ami
Catorce tesamimi
chekuaa ha cherayhúva
peteĩ ñemañáme
veintiocho pymimi
Aña jeýntema
ojapóva apañuái che rekovépe
¿Moóiko ija
siete kunumi
catorce tesamimi
veintiocho pymimi?
¿Mba’éichagua rupa’úme
ikatu ñambotorore
siete kunu’ũ?
…………………………
Siete ternuras
Siete criaturas
pequeñas, suaves
siete milagritos
en medio del invierno.
Siete cuerpitos
de pelusa y torbellino
siete naricitas húmedas
que reconocen el mundo
en un par de olfateos
siete colitas felices
siete boquitas que organizan
el concierto del hambre
en plena madrugada
siete criaturas
siete milagros
siete alegrías
Catorce ojitos
que me conocen y quieren
de una sola ojeada
veintiocho patitas
endiabladas
que se me enredan en la vida
¿Dónde caben
siete criaturas
catorce ojitos
veintiocho patitas?
¿En qué regazo
se pueden acunar
siete ternuras?
………………………………
16 dic. 2008
Desalma
¿Dónde estabas?
¿dónde estás?
¿dónde estarás?
Útero
del principio
y del final
memoria del regazo
soporte de mis pies
inaugurando el mundo
utopía del regreso.
¿Dónde?
Mi casa
mi paisaje
mi horizonte
mi suelo
mis olores
mi viento
mi lluvia
Mi historia
mi familia
mi infancia
mi lengua.
Mi pulso
mi paso
mi voz
mi silencio
Mi trajín
mi cansancio
mi desvelo
mi sueño.
¿Cuándo fue que empezaste
a agrietarte?
¿Por qué te fuiste
resquebrajando
quebrando
cayendo?
¿Cuándo acabaste siendo
un puñado de escombros?
¿Cómo pudieron arrancarme de ti?
¿Quién instauró la lejanía?
¿En qué lugar te quedaste
mi lugar?
¿Dónde quedó
la canción
de mis abuelos
que hería dulcemente el alba?
¿Dónde quien me llamaba
che memby?
¿Dónde mi acento guaraní
para nombrar el mundo?
¿Dónde el tekokatu
que nos hacía correr
hacia los cerros altos?
¿Dónde el py’a porã
que nos hacía hermanos
bellos
fuertes?
¿Dónde el kokue guasu
para llenar de frutos
la bolsa de la infancia?
Dónde
la parralera
que aliviaba el cansancio
el cántaro
que refrescaba el alma
y los olores
de aquella casa
madre
de la que habíamos mamado
aquella casa que calmaba
todas las inquietudes del camino.
Dónde
los veranos
y el patio tapizado de mangos
y el aroma de la flor de coco
y las cigarras
y su sonaja ronca por las siestas
y las luciérnagas bailando
en el pastizal
mientras arriba se encendían
las estrellas.
Los inviernos
y el viento sur colándose
entre el techo de paja
y la horchata
para sudar las fiebres
y la malva
para calmar la tos
y el mate
para matar las horas
y los cuentos
para quedarse quietecita
junto al fuego.
Dónde
la voz de los abuelos
que llenaba
la cocina cenicienta
el patio
la capuera
las mañanas
las hambres
el tiempo.
Dónde
los niños
y su risa
y su llanto
y sus ronchas
su comezón indomable
de horizontes
sus cuerpos huidizos
de pájaros salvajes.
Hoy
araño el recuerdo
buscando los rostros
que esculpieron mi rostro
He olvidado
la voz de mis padres
el olor de mis hijos
el sabor del amor.
Hoy
el olvido
me mata de a poco
no recuerdo siquiera
cómo eran mis ojos
ni cómo hacían ellos
para deletrear el mundo.
Hoy no sé
si me llamo María
Juan
Teresa
Francisco
Rosa
Ramón
o Soledad
Se me ha perdido
no sé dónde
la cédula de identidad
y hoy no sé
cómo me llamo.
Si paragua
bolita
sudaca
chola
guarango
cabecita negra
pinche cabrón
grasa
plaga
ciruja
chorro
turro
pendejo
indio
caballo loco
pokyra
loser
ganchero
cartonero
macoñero
reventada
hijo de la chingada
popinda
terrorista
puta barata
o carne de pornoshit.
Si mujer
si guitarra
si hombre
si hambre
si sed
si maíz
si cuchillo
si sangre
si hojarasca
si sequía
si fiebre
si viento
si verso hueco
si pandorga inútil.
Si morena
si clara
o desteñida
si ser humano
si animal
si feto.
Se me ha perdido
el boleto del viaje
y hoy no sé
a dónde voy
Si voy
a Buenos Aires
a España
aquí a la vuelta
apete
rejerévo
a Nueva York
a Camboriú
a Guantánamo
al polo
a la China
a París
oh, la la
o a ningún lado.
Hoy no sé
si vuelo
bogo o vago
si voy hacia delante
o al costado
hacia arriba
hacia abajo
o al carajo.
Hoy voy
a la deriva
en la vía
del puro extravío
traveseo en una travesía
sin puerto de salida
ni llegada.
Hoy ya no sé
para qué sirven
las manos
la cabeza
los días
el sudor.
Hoy ya no sé
hacer nada
ni coser
ni bordar
ni abrir la puerta
para ir a jugar
mucho menos
soberbia surgiendo
decir
basta y el cetro romper.
Hoy no sé
amanecer
amasarme
regarme
inaugurarme.
Hoy estoy
chueca
tuerta
tullida
tartamuda
analfabeta
para ponerme el rimel
la corbata
arremangarme
ponerme en onda
mente positiva
actitud ganadora
salir a romper todo
subirme a la cresta de la ola.
Mona que viste de seda
se me ven las hilachas
No sirvo tan siquiera
para emparchar
la temporada
transar
pescar
ligar
acomodarme
acertar la bolada.
Hoy camino
otra historia
otro paisaje
otra lengua
otro sueño
Hoy
manoteo a oscuras
berreo
pataleo
tanteo
balbuceo
con la urgencia de un tiempo
desbocado.
Hoy camino un camino
árido
ácido
áspero
lóbrego
lívido
esquivo
frío.
Camino
polvareda
tolvanera
borrachera
chochera
ensoñación
insolación
desolación.
Camino
errancia ciega
sin remedio
sin término
sin nombre
reptancia
divagancia
naufragancia
Camino
desatino
torbellino
delirio
martirio
de harapos
de jirones
de sombras.
Camino
que se alarga
se angosta
se oscurece
que se endurece
paso a paso
bajo mis pies
se vuelve greda
piedra
metal candente
se vuelve brasa
herida
asfixia
fiebre
muerte.
Camino
descamino
despatria
deslugar
desorilla
descuerpo
deshondura
desnorte
desencuentro
Camino
despaso
desllegada
desregreso.
Camino
desaire
desagua
desfuego
desangre
deslengua
desvida
desalma.
¿Dónde estabas?
¿dónde estás?
¿dónde estarás?
Tierra sin Mal...
(Del libro Tyre'ÿ rape - Camino del huérfano, Editorial Arandurá, 2008)
29 jun. 2008
6 abr. 2008
Amali
Amali ........................Amalí
Amangy...................... Aguacero
amandy...................... agua-lluvia
amandáu.................... agua-nieve
Amali. ........................ Amalí.
Pukavy ojekáva............ Sonrisa que se abre
omombáy omomýi......... despierta se mueve
omboi........................desnuda
omokyrÿiva................. cosquillea
ko’ë. ....................... el alba.
Yvytu piro’y................. Brisa fresca
oñua ojapichýva.............que abraza y acaricia
pire. ..........................la piel.
Purahéi apysë ...............Canto que asoma
okapu .........................estalla
opopo .........................salta
ojeroky .......................baila
torymi. .......................alegrecito.
Eirete ........................Miel
yryjúi ........................espuma
mandyju ....................algodón
guyrami .....................pajarito
Amangy .....................Aguacero
amandy .....................agua-lluvia
amandáu ...................agua-nieve
Amali. .......................Amalí.
Amangy...................... Aguacero
amandy...................... agua-lluvia
amandáu.................... agua-nieve
Amali. ........................ Amalí.
Pukavy ojekáva............ Sonrisa que se abre
omombáy omomýi......... despierta se mueve
omboi........................desnuda
omokyrÿiva................. cosquillea
ko’ë. ....................... el alba.
Yvytu piro’y................. Brisa fresca
oñua ojapichýva.............que abraza y acaricia
pire. ..........................la piel.
Purahéi apysë ...............Canto que asoma
okapu .........................estalla
opopo .........................salta
ojeroky .......................baila
torymi. .......................alegrecito.
Eirete ........................Miel
yryjúi ........................espuma
mandyju ....................algodón
guyrami .....................pajarito
Amangy .....................Aguacero
amandy .....................agua-lluvia
amandáu ...................agua-nieve
Amali. .......................Amalí.
11 nov. 2007
En Chile
14 oct. 2007
Prueba de fuego
23 sept. 2007
Ka’aru kirirï
Ka’aru kirirï
Upe ka’aru nomÿiri, te’onguetýicha kuri. Tä tä ipu mombyrýva mante oñehendu, itapu kororö tujaguive.
Tavaguasu ojeaho’i reboso ñembyasýpe ha itindy, okirirï. Ha’ete ku hasëva kirirïháme, tesay’ÿme. Ikatu te’onguety voi ra’e.
Ha katu osoro sapy’a sapukái pyaupa kusuvi, ojokaitéva umi te’ongue angapyhy. Guyraita ratatï ojupi sarambípe, iñapañuái yvytu tarovárehe oguahë va’ekue hayhupára ñemyröicha, ojasurúva opaite kuárape.
Yvytu pochy oinupa ha ombopepa yvoty ha tataindy, ha upérö guarä mba’e sunu hatävévape, oï osapukáiva ñembo’e ojekuaa’ÿva, oñohehápe opárupi mba’ery ka’urä hü ha inéva, umi ita jehaipyre apytépe.
Peteï anguja ohua’ï te’ongue róga tujágotyo, ohekahápe ñemo’ä ha peteï tesapirï oikaräiva sununúpe, oveve kangy sapy’aitemi, tague hüngymíva, vevúi asy, yvytimbo sa’yju apytépe.
Ha peteï mbarakaja ombohovái sapukáipe, guataha kyhyje, pya’e opiäva ka’arúre.
Tarde callada
La tarde estaba quieta como un cementerio. Sólo se oía de tanto en tanto, el tan tan lejano de un ronco campanario.
La ciudad, envuelta de un rebozo triste, se agachaba, callada. Parecía llorar en silencio, sin lágrimas. Era tal vez, un cementerio.
Pero irrumpió de pronto un torbellino de gritos destemplados, quebrando por completo la paz de aquellos muertos. Y una nube de pájaros se levantó desordenadamente, enredándose en el viento enloquecido que llegó como un amante despechado, violando todos los huecos.
El huracán enloquecido aplastaba con certeros manotazos las flores y las velas, cuando en un trueno más potente, alguien gritó una oración extraña, esparciendo un licor oscuro y maloliente entre las lápidas.
Un ratón escapó hacia los panteones más antiguos buscando refugio y en un segundo que marcó el estruendo, se suspendió un momento, pelusa gris, suave, entre la ocre polvareda.
Un gato puso el eco al grito, transeúnte asustado, fugaz de la tarde.
Upe ka’aru nomÿiri, te’onguetýicha kuri. Tä tä ipu mombyrýva mante oñehendu, itapu kororö tujaguive.
Tavaguasu ojeaho’i reboso ñembyasýpe ha itindy, okirirï. Ha’ete ku hasëva kirirïháme, tesay’ÿme. Ikatu te’onguety voi ra’e.
Ha katu osoro sapy’a sapukái pyaupa kusuvi, ojokaitéva umi te’ongue angapyhy. Guyraita ratatï ojupi sarambípe, iñapañuái yvytu tarovárehe oguahë va’ekue hayhupára ñemyröicha, ojasurúva opaite kuárape.
Yvytu pochy oinupa ha ombopepa yvoty ha tataindy, ha upérö guarä mba’e sunu hatävévape, oï osapukáiva ñembo’e ojekuaa’ÿva, oñohehápe opárupi mba’ery ka’urä hü ha inéva, umi ita jehaipyre apytépe.
Peteï anguja ohua’ï te’ongue róga tujágotyo, ohekahápe ñemo’ä ha peteï tesapirï oikaräiva sununúpe, oveve kangy sapy’aitemi, tague hüngymíva, vevúi asy, yvytimbo sa’yju apytépe.
Ha peteï mbarakaja ombohovái sapukáipe, guataha kyhyje, pya’e opiäva ka’arúre.
Tarde callada
La tarde estaba quieta como un cementerio. Sólo se oía de tanto en tanto, el tan tan lejano de un ronco campanario.
La ciudad, envuelta de un rebozo triste, se agachaba, callada. Parecía llorar en silencio, sin lágrimas. Era tal vez, un cementerio.
Pero irrumpió de pronto un torbellino de gritos destemplados, quebrando por completo la paz de aquellos muertos. Y una nube de pájaros se levantó desordenadamente, enredándose en el viento enloquecido que llegó como un amante despechado, violando todos los huecos.
El huracán enloquecido aplastaba con certeros manotazos las flores y las velas, cuando en un trueno más potente, alguien gritó una oración extraña, esparciendo un licor oscuro y maloliente entre las lápidas.
Un ratón escapó hacia los panteones más antiguos buscando refugio y en un segundo que marcó el estruendo, se suspendió un momento, pelusa gris, suave, entre la ocre polvareda.
Un gato puso el eco al grito, transeúnte asustado, fugaz de la tarde.
19 ago. 2007
Ña Susy hablando de literatura guaraní
15 jul. 2007
Jevy ko'ë
Hasypeve
Susy Delgado ha publicado al fin su cuento ganador del Premio Cide Hamete Benengeli, otorgado por la Universidad Toulouse Le Mirail y Radio Francia Internacional en 2005. El texto está incluído en el libro del mismo título, presentado recientemente bajo el sello Arandurá en Asunción. Aquí va el texto para ustedes:
Jevy ko’ë
Karai ojehecha sapy’a ha’eñomi, tape puku iñypytumba jepévape. Oñandu hetyma yvevúi asy, oguata syryry, ovevéntema voi yvy ape ári, ha oike ohóvo, yvytu kangýicha upe tapehüme. Iñypytü iñypytüvéramo jepe, ku hesa ikä ramoguaréicha, karai ndojavýi ipyrendaguä ha oipykúi sÿi asy hape puku…
Mba’evetéichagua ängue ndojekuaái, noñehendúi, ha ko karai ñaimo’ä oguatáva oïramoguáicha ohechaukáva chupe henonderä, terä oturuñe’ëva chupe ohohaguägotyo. Ha upéicha, ipytuhë’ÿme, omopu’ä’ÿme yvy timbo marandukue jepe, oguata mbeguekatu ha oike ohóvo tenda oikuaa’ÿetévape, táva ambue, terä ka’aguy, terä yvy kuára, moóiko ha’e oikuaáne, avave oikuaa’ÿvape.
Pyhare pukukue oguata rire ohóvo, oike mombyry porävo upe tapehüme, mbeguekatumi hesakä ñepyrü karai rapépe. Ohecha yvyra yvate vate iñapysë kangymi araihü ratatinágui. Tatatina isarambi mbeguekatu ha ipa’ü pa’üme ohechakuaa ohóvo mba’éichagua yvyrápa umi árarehe opu’äva. Tajyty häkä jepe’a yvatéva ha ojeroky vevuimíva yvytúpe, ojepyso henonderáme ha hesakä miévo, ojekuaa mbohapýichagua pytängy hakämekuéra. Pytängýva apytépe, iñapysë ohóvo yvyraita ipoty morotï, sa’yju, hovy ha pytäitéva. Yvoty ryakuä oñua ohóvo karaípe, ombojahu ha oikévaicha ipirérehe.
Oguata miévo, karai ohecha ohóvo tajy apytépe, arasa, aratiku, aguai, ñandypa, ñangapiry, yvapurü, yvapovö, guavira, guaviju, mbokaja, jatayva, inga, pakuri, pindo, jakarati’a… Ha ko’ëmbaitévo hapépe, karai ohechakuaa yva opáichagua osäingopáva ápe ha pépe ha ijapytepekuéra, ka’aguy rymba oguata, opopo, ovevéva…, oñomuñáva, ojuasapáva, ojejoapipáva…, opurahéi ñuämbáva.
Yvyty mombyrýpeve ñaimo’ä ojepysóva Ñandejára rembiapokue. Karai omombyta iguata sapy’ami, omyenyhë hesa ha ipyti’a mba’e poräitágui ha ipojáivo peteï yvapurü’áre, oñandu aratirícha ho’áva hese.
Ko’eröguáicha ko’äga ae hekovépe, karai ojecha jey ha’eño, ha katu ko’äga opívo vera, ysyry guasu tujukue ykére, ha hesakämbávo avei iñakäme, ohechakuaa amoite hesa ohupytyhápeve, ovevui joa hapicha kuéra osë va’ekue hendive hetägui. Ko’ë naimarangatúiva oguahë kuimba’e rekovépe, oiko’öva ikorasö.
Imandu’a osëramo va’ekue iñirünguérandive imba’e ryrumi ipopekuéra, ohejapáramo guare itajýra, ita’ýra, isy, itúa, hogami… Hysýi iñapytu’üme opa ohasáva’ekue oñondive, tembi’umi ha virumi rekávo, ro’y ha techaga’u, kane’ö ha tesay, ñeha’ä ojetu’úva, tekove hapekañýva… Tapicha oñemosë va’ekue hetägui, oñemosë jeýva opa hendágui, ojere jere reíva, henda’ÿva, hetä’ÿva, ha péina, ipahaitépe, ysyry oñembyaipáva, ipochy sapy’áva’ekue, oguerúva omombo kokuere rembe’ýpe…
Karai ojecha ha’eño, ha omaña ijerére. Ha jepeve osyrýrö yguasu ijykére, ohecha ojepyso hovái ka’aguy rendague, tapere okaipáva,
ojekapáva, ha yvyra mimi ku’ikue otimbóva. Amógotyo mie ohecha iñapysë pysë óga tuja mimi, ikechëmba ha ijaku’ipáva, hysýiva tape opahápeve, ha oike miévo ko táva mboriahuetépe, ohecha mitä mimi isarambíva ágio ha pégio. Peteï ojepovyvy tanimbúpe, tataypy rendaguépe, ha peteï jey oikaräi yvy, ryguasu ojetypekaháicha. Amógotyove, mitakuñami oisu’úva avati’ygue, mitämi, mitäita oipyvu reíva tapere, hesaho reíva yvate mombyrýre… Mitä ra’yeta hasëngy, hasëmi, hasësoro joáva.
Oikérö oikeve ohóvo karai upe táva mboriahúpe, mitä mante ojuhu. Oñemboja upémarö peteï mitäkuña’i rendápe, maiteípa hína, he’i chupe. Mitäkuña’i ojere omaña karaírehe, omaña porä hese, mba’evete nde’íri ha ojejurupe’ami, ohecháröguáicha mba’e oha’arö’ÿva. Mba’éichaiko hína, he’i jey chupe karai ha upémarö, kuñami he’i chupe ha ndéiko mba’eteko, ajeve reju sapy’a. Upéicha ohendúvo, karai ojesape’a ha oporandu chupe ndéiko che kuaa mba’e. Omaña porä jey hese mitäkuña’i, opukavymi ha he’i roikuaa porä… Ahechapáma nderegueruiha ja’umi va’erä, he’i gueteri chupe. Karai ojecha ponandi, opívo, mba’eve ahë ndoguerúi heta ojere rire tetä ambuére. Ndaguerúi..., ndarekói..., he’i mante chupe, omaña opárupi rei ohekáramoguáicha ñepytyvö, ha oporandu jey mba’e táva piko kóa hína. Kokue Porä hérava’ekue kóa, he’i chupe mitäkuñami ha opuka asymi ondyvuhápe ijyképe. Karai oñemondýi, omaña ápeo, amógotyo, opárupi rei ha upéi oñakaity, opytaite, iñe’engu.
Mitäkuña’i he’i karaípe péante piko nemondýi etéva, ndereikuaavéima piko Kokue Porä, ndaorekuaavéima piko… Karai, karai, he’i chupe, epáypy, ejetyvyro, oikova’ekue oikóma…
Heta oñeha’ä hese mitakuñami, oñe’ë chupe, oporandu chupe opa mba’e. Karai nde’íri chupe mba’eve, ha’ete ku oikóva’ekue chugui ita, ha upémarö, mitäkuña’i ojere oike ysyry tujúpe ha oguenohë mbeguekatu ohóvo, peteï teï opaite tapicha re’ongue. Mbohapy, irundy oguenohëvo, karai omÿi mitätavymícha, ha oho oipytyvö chupe. Mitäkuña’i hy’ái syry ombotyryrývo te’ongueita ha ohechauka karaípe moógiopa oipyhy va’erä pe oguenoheséva ohóvo. Oñembohory imígueteri hese ha he’i chupe tuicha reñemondýi ha neñe’engu hi’ä chéve sapy’a… Karai ndoipe’avéi ijuru, ojo’o yvy ipópe, yvyra tujakuépe, ha oñoty iñirünguéra retekue ysyry vai rembe’ýpe.
Ka’aru ojayvypávo, osunu mombyry sapy’a ha karai oñoty ipaha, peteï kuñakarai guasu retekue, hetymakuápe hajygue chalaipáva. Otyky tykývo, karai oñesu, ojayvy, hesay kirirïmi ha mbeguekatuete heságui osë ohóvo ymi osyry ha ojehe’áva ama rykuéndive.
Hogakue vaimíguive, kapi’i soro soroguýpe, ombyatypávo heindy ha ityvýrakuéra, mitäkuñami osapukái karaípe ha he’ei chupe karai iñe’engúva, karai imandu’ahopáva, karai hetätujupáva, ejúpy ápe, ejúpy emombe’u oréve moöguipa reju, mba’epa rehasa va’ekue reikohárupi, ejupy embotavy ne morangúpe ore py’a nandi, jahechápa rokemi… Karai, ejúpy, okýma…
Día del regreso
El hombre se encuentra de pronto solo y desamparado, en un camino largo, anochecido por completo. Siente sus piernas livianísimas, camina deslizándose, casi volando sobre la tierra, y avanza, como una brisa, en ese camino negro. Aunque está oscuro y más oscuro, como si sus ojos se hubieran secado, el hombre no equivoca sus pisadas y camina suave su camino largo…
No se ve ni se escucha ánima de ninguna clase, y el hombre pareciera caminar como si hubiera quien le mostrara el trecho que le espera, o quien silbara indicándole hacia dónde dirigirse. Y así, sin respirar, sin levantar ni el recuerdo de alguna polvareda, camina lento y va entrando al lugar que desconoce por completo, pueblo extraño, o selva, o cueva, quién podrá saberlo, que nadie conoce.
Después de andar a lo largo de la noche, de avanzar un largo tranco en ese camino negro, muy despacito empieza a clarear en el sendero del hombre. Entonces, ve dibujándose suavemente unos altos árboles, entre la negra neblina. La neblina se dispersa de a poco y entre sus hilachas, va reconociendo los árboles que se levantan hacia el cielo. Hileras de lapachos abriendo sus ramas altas, bailando livianitos en el viento, se extienden ante sus ojos, y al aclararse un poco más, se ven en sus follajes tres tonos de rosa. Y entre éstos, van asomando muchos otros árboles, de flores blancas, amarillas, azules y muy rojas. El aroma de las flores va abrasando al hombre, lo baña y parece penetrar su piel.
Caminando un poco más, el hombre va descubriendo entre los lapachos, plantas de arazá, araticú, aguaí, ñandypá, ñangapiry, yvapurú, yvapovó, guavirá, guaviyú, mbocayá, yatayvá, ingá, pacurí, pindó, yacarati’á… Al amanecer del todo en su camino, el hombre reconoce las frutas de todas clases que cuelgan aquí y allá, y entre ellas, animales de la selva caminando, saltando, volando…, persiguiéndose, cruzándose, chocándose…, cantando todos juntos.
Hasta las montañas lejanas, pareciera extenderse la obra de Dios. El hombre detiene un momento su andar, llena sus ojos y su pecho de imágenes tan bellas, y al rozar con sus manos un fruto de yvapurú, siente como un rayo cayendo sobre él.
Como si amaneciera recién ahora en su vida, el hombre se ve de nuevo solo, pero ahora desnudo, al costado de un río cenagoso, y clareando del todo también en su sien, descubre allí hasta donde alcanzan sus ojos, flotando en las aguas, a sus amigos que lo habían acompañado cuando dejó su tierra. Un día nada piadoso ha llegado para el hombre, un día que lastima su corazón.
Recuerda cuando salieron, él y sus compañeros, llevando pequeños bolsos en sus manos, dejando a todas sus hijas, sus hijos, sus madres, sus padres, sus casitas… Se enfila en su cabeza todo lo que pasaron juntos, buscando comida y algún dinerito, frío y nostalgia, cansancio y lágrima, esfuerzo acogotante, vida que perdió el rumbo… Amigos que habían sido echados de su tierra, echados de nuevo de todas partes, dando vueltas y vueltas, sin lugar, sin patria, y aquí, al fin de todo, tirados en el río putrefacto que se había encrespado de pronto, a orillas de la chacra muerta…
El hombre se encuentra solo y mira a su alrededor. Y si bien corre un ancho río a su costado, ve extenderse frente a él las huellas del antiguo bosque, la tapera calcinada, agrietada, los restos de algunos árboles soltando polvo. Un poco más allá ve asomar unas pequeñas casas, torcidas, despedazadas, sucediéndose hasta donde acaba el sendero, y al adentrarse un poco más en este pueblo miserable, ve a unos niñitos dispersos aquí y allá. Uno escarba en la ceniza donde se encendía el fuego de la cocina, otro araña la tierra como gallina que hurga buscando semillas. Más allá, una niña muerde el marlo pelado de un maíz, niños, niños y más niñitos revolviendo inútilmente el desierto, perdiendo en vano los ojos en las alturas lejanas… Criaturas sollozando, lloriqueando, llorando a gritos todos juntos.
Entrando y entrando más en ese pueblo pobre, el hombre solo encuentra niños. Entonces se acerca a una niña y cómo estás, le dice. La niña se vuelve y mira al hombre, lo mira fijamente, no dice nada y abre la boca ligeramente, como si hubiera visto algo inesperado. Cómo está la situación, le dice de nuevo el hombre, y entonces, la mujercita le responde y vos qué tal, ya que volviste de pronto. Al escuchar eso, el hombre abre sus ojos y le pregunta es que me conocés, acaso. Lo mira bien otra vez la niña, sonríe y le dice te conozco muy bien… Ya veo que no traés nada que podamos comer, agrega todavía. El hombre se ve con las manos vacías, desnudo, maldita nada sin traer después de tanto dar vueltas por tierras extrañas. No traigo..., no tengo..., solo atina a decir el hombre, mira por todas partes, como si buscara ayuda, y pregunta qué pueblo es éste. Kokue Porä* se llamaba este lugar le dice la pequeña niña y sonríe con tristeza mientras escupe a su costado. El hombre se asusta, mira hacia aquí, mira hacia allá, a todos lados, en vano, y después agacha la cabeza, se queda quieto, mudo.
La niña le dice al hombre eso nomás te asusta tánto, ya no conocés Kokue Porä, ya no nos conocés acaso… Señor, señor, le dice, despertate, sacudite, lo que pasó ya pasó…
Insiste y se esfuerza la pobre niña hablándole, preguntándole de todo. El hombre no le dice nada, como si se hubiera vuelto piedra, y entonces, la niña se vuelve, entra al río sucio y va sacando poco a poco, uno a uno, todos los cuerpos de los muertos. Cuando va extrayendo el tercero o el cuarto, el hombre empieza a moverse como criatura torpe, y va a ayudarla. La niña suda copiosamente al arrastrar tantos cuerpos y le indica al hombre por dónde tomar a los que van a sacar del río. Todavía le toma un poco del pelo y le dice te asustaste grande y me parece que te quedaste mudo. El hombre no vuelve a abrir la boca, cava la tierra con sus manos, con un palo viejo, y entierra a sus amigos a orillas del río podrido.
Cuando la tarde se agacha del todo, suenan de pronto truenos lejanos y el hombre entierra el último cuerpo, de una mujer robusta y mayor, a la que le cuelgan andrajos de carne entre las piernas. Caen algunas gotas y el hombre se arrodilla, se inclina, echa algunas lágrimas en silencio, y muy despacio, va saliendo de sus ojos un agua que se desliza y se mezcla con el agua de la lluvia.
Desde su casita destartalada, bajo la paja agujereada, al terminar de reunir a sus hermanitas y hermanitos, la niña grita al hombre y le dice señor que quedó mudo, señor que perdió la memoria, señor al que se le pudrió la patria, vení pues aquí, vení pues a contarnos de dónde regresás, qué cosas viviste por ahí donde anduviste, vení pues a engañar nuestro estómago vacío con tu historia, a ver si dormimos un poco… Señor, vení pues, que ya llueve…
Kokue porä: chacra linda.
……………………………………….
Susy Delgado ha publicado al fin su cuento ganador del Premio Cide Hamete Benengeli, otorgado por la Universidad Toulouse Le Mirail y Radio Francia Internacional en 2005. El texto está incluído en el libro del mismo título, presentado recientemente bajo el sello Arandurá en Asunción. Aquí va el texto para ustedes:
Jevy ko’ë
Karai ojehecha sapy’a ha’eñomi, tape puku iñypytumba jepévape. Oñandu hetyma yvevúi asy, oguata syryry, ovevéntema voi yvy ape ári, ha oike ohóvo, yvytu kangýicha upe tapehüme. Iñypytü iñypytüvéramo jepe, ku hesa ikä ramoguaréicha, karai ndojavýi ipyrendaguä ha oipykúi sÿi asy hape puku…
Mba’evetéichagua ängue ndojekuaái, noñehendúi, ha ko karai ñaimo’ä oguatáva oïramoguáicha ohechaukáva chupe henonderä, terä oturuñe’ëva chupe ohohaguägotyo. Ha upéicha, ipytuhë’ÿme, omopu’ä’ÿme yvy timbo marandukue jepe, oguata mbeguekatu ha oike ohóvo tenda oikuaa’ÿetévape, táva ambue, terä ka’aguy, terä yvy kuára, moóiko ha’e oikuaáne, avave oikuaa’ÿvape.
Pyhare pukukue oguata rire ohóvo, oike mombyry porävo upe tapehüme, mbeguekatumi hesakä ñepyrü karai rapépe. Ohecha yvyra yvate vate iñapysë kangymi araihü ratatinágui. Tatatina isarambi mbeguekatu ha ipa’ü pa’üme ohechakuaa ohóvo mba’éichagua yvyrápa umi árarehe opu’äva. Tajyty häkä jepe’a yvatéva ha ojeroky vevuimíva yvytúpe, ojepyso henonderáme ha hesakä miévo, ojekuaa mbohapýichagua pytängy hakämekuéra. Pytängýva apytépe, iñapysë ohóvo yvyraita ipoty morotï, sa’yju, hovy ha pytäitéva. Yvoty ryakuä oñua ohóvo karaípe, ombojahu ha oikévaicha ipirérehe.
Oguata miévo, karai ohecha ohóvo tajy apytépe, arasa, aratiku, aguai, ñandypa, ñangapiry, yvapurü, yvapovö, guavira, guaviju, mbokaja, jatayva, inga, pakuri, pindo, jakarati’a… Ha ko’ëmbaitévo hapépe, karai ohechakuaa yva opáichagua osäingopáva ápe ha pépe ha ijapytepekuéra, ka’aguy rymba oguata, opopo, ovevéva…, oñomuñáva, ojuasapáva, ojejoapipáva…, opurahéi ñuämbáva.
Yvyty mombyrýpeve ñaimo’ä ojepysóva Ñandejára rembiapokue. Karai omombyta iguata sapy’ami, omyenyhë hesa ha ipyti’a mba’e poräitágui ha ipojáivo peteï yvapurü’áre, oñandu aratirícha ho’áva hese.
Ko’eröguáicha ko’äga ae hekovépe, karai ojecha jey ha’eño, ha katu ko’äga opívo vera, ysyry guasu tujukue ykére, ha hesakämbávo avei iñakäme, ohechakuaa amoite hesa ohupytyhápeve, ovevui joa hapicha kuéra osë va’ekue hendive hetägui. Ko’ë naimarangatúiva oguahë kuimba’e rekovépe, oiko’öva ikorasö.
Imandu’a osëramo va’ekue iñirünguérandive imba’e ryrumi ipopekuéra, ohejapáramo guare itajýra, ita’ýra, isy, itúa, hogami… Hysýi iñapytu’üme opa ohasáva’ekue oñondive, tembi’umi ha virumi rekávo, ro’y ha techaga’u, kane’ö ha tesay, ñeha’ä ojetu’úva, tekove hapekañýva… Tapicha oñemosë va’ekue hetägui, oñemosë jeýva opa hendágui, ojere jere reíva, henda’ÿva, hetä’ÿva, ha péina, ipahaitépe, ysyry oñembyaipáva, ipochy sapy’áva’ekue, oguerúva omombo kokuere rembe’ýpe…
Karai ojecha ha’eño, ha omaña ijerére. Ha jepeve osyrýrö yguasu ijykére, ohecha ojepyso hovái ka’aguy rendague, tapere okaipáva,
ojekapáva, ha yvyra mimi ku’ikue otimbóva. Amógotyo mie ohecha iñapysë pysë óga tuja mimi, ikechëmba ha ijaku’ipáva, hysýiva tape opahápeve, ha oike miévo ko táva mboriahuetépe, ohecha mitä mimi isarambíva ágio ha pégio. Peteï ojepovyvy tanimbúpe, tataypy rendaguépe, ha peteï jey oikaräi yvy, ryguasu ojetypekaháicha. Amógotyove, mitakuñami oisu’úva avati’ygue, mitämi, mitäita oipyvu reíva tapere, hesaho reíva yvate mombyrýre… Mitä ra’yeta hasëngy, hasëmi, hasësoro joáva.
Oikérö oikeve ohóvo karai upe táva mboriahúpe, mitä mante ojuhu. Oñemboja upémarö peteï mitäkuña’i rendápe, maiteípa hína, he’i chupe. Mitäkuña’i ojere omaña karaírehe, omaña porä hese, mba’evete nde’íri ha ojejurupe’ami, ohecháröguáicha mba’e oha’arö’ÿva. Mba’éichaiko hína, he’i jey chupe karai ha upémarö, kuñami he’i chupe ha ndéiko mba’eteko, ajeve reju sapy’a. Upéicha ohendúvo, karai ojesape’a ha oporandu chupe ndéiko che kuaa mba’e. Omaña porä jey hese mitäkuña’i, opukavymi ha he’i roikuaa porä… Ahechapáma nderegueruiha ja’umi va’erä, he’i gueteri chupe. Karai ojecha ponandi, opívo, mba’eve ahë ndoguerúi heta ojere rire tetä ambuére. Ndaguerúi..., ndarekói..., he’i mante chupe, omaña opárupi rei ohekáramoguáicha ñepytyvö, ha oporandu jey mba’e táva piko kóa hína. Kokue Porä hérava’ekue kóa, he’i chupe mitäkuñami ha opuka asymi ondyvuhápe ijyképe. Karai oñemondýi, omaña ápeo, amógotyo, opárupi rei ha upéi oñakaity, opytaite, iñe’engu.
Mitäkuña’i he’i karaípe péante piko nemondýi etéva, ndereikuaavéima piko Kokue Porä, ndaorekuaavéima piko… Karai, karai, he’i chupe, epáypy, ejetyvyro, oikova’ekue oikóma…
Heta oñeha’ä hese mitakuñami, oñe’ë chupe, oporandu chupe opa mba’e. Karai nde’íri chupe mba’eve, ha’ete ku oikóva’ekue chugui ita, ha upémarö, mitäkuña’i ojere oike ysyry tujúpe ha oguenohë mbeguekatu ohóvo, peteï teï opaite tapicha re’ongue. Mbohapy, irundy oguenohëvo, karai omÿi mitätavymícha, ha oho oipytyvö chupe. Mitäkuña’i hy’ái syry ombotyryrývo te’ongueita ha ohechauka karaípe moógiopa oipyhy va’erä pe oguenoheséva ohóvo. Oñembohory imígueteri hese ha he’i chupe tuicha reñemondýi ha neñe’engu hi’ä chéve sapy’a… Karai ndoipe’avéi ijuru, ojo’o yvy ipópe, yvyra tujakuépe, ha oñoty iñirünguéra retekue ysyry vai rembe’ýpe.
Ka’aru ojayvypávo, osunu mombyry sapy’a ha karai oñoty ipaha, peteï kuñakarai guasu retekue, hetymakuápe hajygue chalaipáva. Otyky tykývo, karai oñesu, ojayvy, hesay kirirïmi ha mbeguekatuete heságui osë ohóvo ymi osyry ha ojehe’áva ama rykuéndive.
Hogakue vaimíguive, kapi’i soro soroguýpe, ombyatypávo heindy ha ityvýrakuéra, mitäkuñami osapukái karaípe ha he’ei chupe karai iñe’engúva, karai imandu’ahopáva, karai hetätujupáva, ejúpy ápe, ejúpy emombe’u oréve moöguipa reju, mba’epa rehasa va’ekue reikohárupi, ejupy embotavy ne morangúpe ore py’a nandi, jahechápa rokemi… Karai, ejúpy, okýma…
Día del regreso
El hombre se encuentra de pronto solo y desamparado, en un camino largo, anochecido por completo. Siente sus piernas livianísimas, camina deslizándose, casi volando sobre la tierra, y avanza, como una brisa, en ese camino negro. Aunque está oscuro y más oscuro, como si sus ojos se hubieran secado, el hombre no equivoca sus pisadas y camina suave su camino largo…
No se ve ni se escucha ánima de ninguna clase, y el hombre pareciera caminar como si hubiera quien le mostrara el trecho que le espera, o quien silbara indicándole hacia dónde dirigirse. Y así, sin respirar, sin levantar ni el recuerdo de alguna polvareda, camina lento y va entrando al lugar que desconoce por completo, pueblo extraño, o selva, o cueva, quién podrá saberlo, que nadie conoce.
Después de andar a lo largo de la noche, de avanzar un largo tranco en ese camino negro, muy despacito empieza a clarear en el sendero del hombre. Entonces, ve dibujándose suavemente unos altos árboles, entre la negra neblina. La neblina se dispersa de a poco y entre sus hilachas, va reconociendo los árboles que se levantan hacia el cielo. Hileras de lapachos abriendo sus ramas altas, bailando livianitos en el viento, se extienden ante sus ojos, y al aclararse un poco más, se ven en sus follajes tres tonos de rosa. Y entre éstos, van asomando muchos otros árboles, de flores blancas, amarillas, azules y muy rojas. El aroma de las flores va abrasando al hombre, lo baña y parece penetrar su piel.
Caminando un poco más, el hombre va descubriendo entre los lapachos, plantas de arazá, araticú, aguaí, ñandypá, ñangapiry, yvapurú, yvapovó, guavirá, guaviyú, mbocayá, yatayvá, ingá, pacurí, pindó, yacarati’á… Al amanecer del todo en su camino, el hombre reconoce las frutas de todas clases que cuelgan aquí y allá, y entre ellas, animales de la selva caminando, saltando, volando…, persiguiéndose, cruzándose, chocándose…, cantando todos juntos.
Hasta las montañas lejanas, pareciera extenderse la obra de Dios. El hombre detiene un momento su andar, llena sus ojos y su pecho de imágenes tan bellas, y al rozar con sus manos un fruto de yvapurú, siente como un rayo cayendo sobre él.
Como si amaneciera recién ahora en su vida, el hombre se ve de nuevo solo, pero ahora desnudo, al costado de un río cenagoso, y clareando del todo también en su sien, descubre allí hasta donde alcanzan sus ojos, flotando en las aguas, a sus amigos que lo habían acompañado cuando dejó su tierra. Un día nada piadoso ha llegado para el hombre, un día que lastima su corazón.
Recuerda cuando salieron, él y sus compañeros, llevando pequeños bolsos en sus manos, dejando a todas sus hijas, sus hijos, sus madres, sus padres, sus casitas… Se enfila en su cabeza todo lo que pasaron juntos, buscando comida y algún dinerito, frío y nostalgia, cansancio y lágrima, esfuerzo acogotante, vida que perdió el rumbo… Amigos que habían sido echados de su tierra, echados de nuevo de todas partes, dando vueltas y vueltas, sin lugar, sin patria, y aquí, al fin de todo, tirados en el río putrefacto que se había encrespado de pronto, a orillas de la chacra muerta…
El hombre se encuentra solo y mira a su alrededor. Y si bien corre un ancho río a su costado, ve extenderse frente a él las huellas del antiguo bosque, la tapera calcinada, agrietada, los restos de algunos árboles soltando polvo. Un poco más allá ve asomar unas pequeñas casas, torcidas, despedazadas, sucediéndose hasta donde acaba el sendero, y al adentrarse un poco más en este pueblo miserable, ve a unos niñitos dispersos aquí y allá. Uno escarba en la ceniza donde se encendía el fuego de la cocina, otro araña la tierra como gallina que hurga buscando semillas. Más allá, una niña muerde el marlo pelado de un maíz, niños, niños y más niñitos revolviendo inútilmente el desierto, perdiendo en vano los ojos en las alturas lejanas… Criaturas sollozando, lloriqueando, llorando a gritos todos juntos.
Entrando y entrando más en ese pueblo pobre, el hombre solo encuentra niños. Entonces se acerca a una niña y cómo estás, le dice. La niña se vuelve y mira al hombre, lo mira fijamente, no dice nada y abre la boca ligeramente, como si hubiera visto algo inesperado. Cómo está la situación, le dice de nuevo el hombre, y entonces, la mujercita le responde y vos qué tal, ya que volviste de pronto. Al escuchar eso, el hombre abre sus ojos y le pregunta es que me conocés, acaso. Lo mira bien otra vez la niña, sonríe y le dice te conozco muy bien… Ya veo que no traés nada que podamos comer, agrega todavía. El hombre se ve con las manos vacías, desnudo, maldita nada sin traer después de tanto dar vueltas por tierras extrañas. No traigo..., no tengo..., solo atina a decir el hombre, mira por todas partes, como si buscara ayuda, y pregunta qué pueblo es éste. Kokue Porä* se llamaba este lugar le dice la pequeña niña y sonríe con tristeza mientras escupe a su costado. El hombre se asusta, mira hacia aquí, mira hacia allá, a todos lados, en vano, y después agacha la cabeza, se queda quieto, mudo.
La niña le dice al hombre eso nomás te asusta tánto, ya no conocés Kokue Porä, ya no nos conocés acaso… Señor, señor, le dice, despertate, sacudite, lo que pasó ya pasó…
Insiste y se esfuerza la pobre niña hablándole, preguntándole de todo. El hombre no le dice nada, como si se hubiera vuelto piedra, y entonces, la niña se vuelve, entra al río sucio y va sacando poco a poco, uno a uno, todos los cuerpos de los muertos. Cuando va extrayendo el tercero o el cuarto, el hombre empieza a moverse como criatura torpe, y va a ayudarla. La niña suda copiosamente al arrastrar tantos cuerpos y le indica al hombre por dónde tomar a los que van a sacar del río. Todavía le toma un poco del pelo y le dice te asustaste grande y me parece que te quedaste mudo. El hombre no vuelve a abrir la boca, cava la tierra con sus manos, con un palo viejo, y entierra a sus amigos a orillas del río podrido.
Cuando la tarde se agacha del todo, suenan de pronto truenos lejanos y el hombre entierra el último cuerpo, de una mujer robusta y mayor, a la que le cuelgan andrajos de carne entre las piernas. Caen algunas gotas y el hombre se arrodilla, se inclina, echa algunas lágrimas en silencio, y muy despacio, va saliendo de sus ojos un agua que se desliza y se mezcla con el agua de la lluvia.
Desde su casita destartalada, bajo la paja agujereada, al terminar de reunir a sus hermanitas y hermanitos, la niña grita al hombre y le dice señor que quedó mudo, señor que perdió la memoria, señor al que se le pudrió la patria, vení pues aquí, vení pues a contarnos de dónde regresás, qué cosas viviste por ahí donde anduviste, vení pues a engañar nuestro estómago vacío con tu historia, a ver si dormimos un poco… Señor, vení pues, que ya llueve…
Kokue porä: chacra linda.
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3 jun. 2007
Ndéiko máa
Ha ndéiko máa,
nde tekove tavy itukumbo’ÿva,
naimbaretéiva,
ndaipu’akáiva mba’evére,
nomomýi kuaáva,
ndoguerova kuaáiva mba’eve,
tekakáva hapicha renondépe…
Ndéko reñakaity va’erä,
reipykúi va’erä tapere
ára pochy ha kuarahy pytére,
rejapo va’erä nde ruvicha he’íva,
reka’api ha rembyaty ha reme’ë,
ndejapu ha remonda ya rejuka va’erä
remomorä ha remongyra va’erä
nde ruvichápe.
Remokö va’erä yuhéi ha jurumboty,
nde ry’ái va’erä nde resasëmbápeve,
nde pyti’a okapúpeve,
reisu’u va’erä apiryta ha tejuruguái,
remano va’erä ára ha ára
rekarusérö.
Ndéiko máa
reipota haguä
teko joja,
reikose haguä
ava marangatúicha,
teko poräme.
Y vos quién sos,
tonto sin azote,
sin fuerzas,
sin dominio sobre nada,
que no sabe mover,
que no sabe cambiar nada,
que es mierda ante su semejante...
Vos tenés que agachar la cabeza,
tenés que caminar el descampado
bajo la tormenta y a pleno sol,
tenés que hacer lo que manda tu jefe,
tenés que carpir y recoger y dar,
mentir y robar y matar
para poner lindo y gordo
a tu jefe.
Tenés que tragar sed y boca cerrada,
tenés que sudar hasta que se te salgan los ojos,
hasta que se estalle tu pecho,
tenés que morder yugo y chicote,
tenés que morir cada día
si querés comer.
Quién sos vos
para desear
la igualdad,
para querer vivir
como persona digna,
una vida buena.
nde tekove tavy itukumbo’ÿva,
naimbaretéiva,
ndaipu’akáiva mba’evére,
nomomýi kuaáva,
ndoguerova kuaáiva mba’eve,
tekakáva hapicha renondépe…
Ndéko reñakaity va’erä,
reipykúi va’erä tapere
ára pochy ha kuarahy pytére,
rejapo va’erä nde ruvicha he’íva,
reka’api ha rembyaty ha reme’ë,
ndejapu ha remonda ya rejuka va’erä
remomorä ha remongyra va’erä
nde ruvichápe.
Remokö va’erä yuhéi ha jurumboty,
nde ry’ái va’erä nde resasëmbápeve,
nde pyti’a okapúpeve,
reisu’u va’erä apiryta ha tejuruguái,
remano va’erä ára ha ára
rekarusérö.
Ndéiko máa
reipota haguä
teko joja,
reikose haguä
ava marangatúicha,
teko poräme.
Y vos quién sos,
tonto sin azote,
sin fuerzas,
sin dominio sobre nada,
que no sabe mover,
que no sabe cambiar nada,
que es mierda ante su semejante...
Vos tenés que agachar la cabeza,
tenés que caminar el descampado
bajo la tormenta y a pleno sol,
tenés que hacer lo que manda tu jefe,
tenés que carpir y recoger y dar,
mentir y robar y matar
para poner lindo y gordo
a tu jefe.
Tenés que tragar sed y boca cerrada,
tenés que sudar hasta que se te salgan los ojos,
hasta que se estalle tu pecho,
tenés que morder yugo y chicote,
tenés que morir cada día
si querés comer.
Quién sos vos
para desear
la igualdad,
para querer vivir
como persona digna,
una vida buena.
22 abr. 2007
Mba'éicha
Ko’águive, opa mba’e ha’etehápe
y kirirï,
¿mba’éicha ñamboherakuaa pe temimbyasy?
Oime kuri ára
ha’e ha’évami
ñande guata tekovére,
ñane maña opa mba’ére,
ñane ñe’ë jepivegua,
ñambo jo’a jo’áva kane’ömeve
ha hetaiteve, tasëmeve.
Ko’a mombyryetéguive,
hetaite mba’e rire,
opa mba’e ojeaho’i rire
otï anambusúpe,
¿mba’éicha ñambohérata temimbyasy?
Ko’águive, opa mba’e ha’etehápe
y kirirï,
¿mbaéicha ñambohérata ñe’ë porä?
Oime kuri ára
ha’e oñemohendávami
opa mba’e apytépe,
hory ha oñembyasy ha iróva apytépe,
jepevérö añete
ovy’avévaicha
umi ipahápegua ndive.
Ha katu ko’a mombyryete guive,
¿mba’éicha ñahenóita pe ñe’ë porä?
............................................
Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿Cómo se nombra la tristeza?
Hubo otro tiempo
en que ella era
el modo de caminar por la vida,
la manera de mirar las cosas,
y era palabra cotidiana,
repetida hasta el cansancio
y más veces aún hasta el llanto.
Aquí desde tan lejos,
después de tantas cosas,
cuando ya todo se ha cubierto
con un grueso manto de pudor,
¿cómo nombrar la tristeza?
Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿cómo se nombra la poesía?
Hubo otro tiempo
en que ella se acomodaba
en medio de todas las cosas,
las amables, las tristes, las amargas,
aunque, es verdad,
parecía encontrarse más a gusto
con las últimas.
Pero aquí desde tan lejos,
¿cómo llamar a la poesía?
................................................
y kirirï,
¿mba’éicha ñamboherakuaa pe temimbyasy?
Oime kuri ára
ha’e ha’évami
ñande guata tekovére,
ñane maña opa mba’ére,
ñane ñe’ë jepivegua,
ñambo jo’a jo’áva kane’ömeve
ha hetaiteve, tasëmeve.
Ko’a mombyryetéguive,
hetaite mba’e rire,
opa mba’e ojeaho’i rire
otï anambusúpe,
¿mba’éicha ñambohérata temimbyasy?
Ko’águive, opa mba’e ha’etehápe
y kirirï,
¿mbaéicha ñambohérata ñe’ë porä?
Oime kuri ára
ha’e oñemohendávami
opa mba’e apytépe,
hory ha oñembyasy ha iróva apytépe,
jepevérö añete
ovy’avévaicha
umi ipahápegua ndive.
Ha katu ko’a mombyryete guive,
¿mba’éicha ñahenóita pe ñe’ë porä?
............................................
Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿Cómo se nombra la tristeza?
Hubo otro tiempo
en que ella era
el modo de caminar por la vida,
la manera de mirar las cosas,
y era palabra cotidiana,
repetida hasta el cansancio
y más veces aún hasta el llanto.
Aquí desde tan lejos,
después de tantas cosas,
cuando ya todo se ha cubierto
con un grueso manto de pudor,
¿cómo nombrar la tristeza?
Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿cómo se nombra la poesía?
Hubo otro tiempo
en que ella se acomodaba
en medio de todas las cosas,
las amables, las tristes, las amargas,
aunque, es verdad,
parecía encontrarse más a gusto
con las últimas.
Pero aquí desde tan lejos,
¿cómo llamar a la poesía?
................................................
5 abr. 2007
Y pochy

Y pochy ochororo
ojaho’i ipukukue javeve
tetä korapy
osururu ogamimíme
ombojahu
tupa ha tembiporu mimi,
hi’upy rembyremi.
Sy ha túa ojeity ysyrýpe
mitä mimi ijati’ýre,
oinupa nupa pe y
iku’are ojupíva,
ohua’ï vaikuépe
oimehágotyo.
Tymba mimi hapykuéri
oyta juku’ápe,
oñeha’ä avei
oheka haperámi
oiméramo sapy’a
Ñandejára oheja
hendaguäkuéra
hi’ämíva.
El agua furiosa se derrama
y cubre a todo lo largo
el campo de la patria,
inunda las casitas
baña las camas y los pobres cubiertos,
el pobre resto de comida.
Madres y padres se lanzan a la correntada
con los niños en sus hombros,
manoteando el agua
que les sube a la cintura,
escapan feamente
hacia cualquier parte.
Detrás, los animalitos
nadan, jadeando,
van intentando también
encontrar algún camino
por si hubiera
guardado Dios
algún cobijo
para ellos.
ojaho’i ipukukue javeve
tetä korapy
osururu ogamimíme
ombojahu
tupa ha tembiporu mimi,
hi’upy rembyremi.
Sy ha túa ojeity ysyrýpe
mitä mimi ijati’ýre,
oinupa nupa pe y
iku’are ojupíva,
ohua’ï vaikuépe
oimehágotyo.
Tymba mimi hapykuéri
oyta juku’ápe,
oñeha’ä avei
oheka haperámi
oiméramo sapy’a
Ñandejára oheja
hendaguäkuéra
hi’ämíva.
El agua furiosa se derrama
y cubre a todo lo largo
el campo de la patria,
inunda las casitas
baña las camas y los pobres cubiertos,
el pobre resto de comida.
Madres y padres se lanzan a la correntada
con los niños en sus hombros,
manoteando el agua
que les sube a la cintura,
escapan feamente
hacia cualquier parte.
Detrás, los animalitos
nadan, jadeando,
van intentando también
encontrar algún camino
por si hubiera
guardado Dios
algún cobijo
para ellos.
17 mar. 2007
Yvypóra rekoha
“Ñandejára omoïmbaite
va’ekue ñandéve ko yvy ape ári…”
he’i che jarýi.
Ha katu
yvypóra rekoha
iñambuepa.
Ápeo ikä, ojeka,
ita ha yvytimbóntema.
Amógotyo oñuamba
y pochy
ojaho’ipáva
ogami, kógami,
tymbamimi.
Ápeo, ñemano yuhéigui.
Amógotyo, ñemano ýpe.
“Yvypóra rekoha
ndaha’evéima
teko porä renda”
oñembyasy che jarýi.
“Dios había puesto todo
para nosotros sobre esta tierra...”
dice la abuela.
Pero
el hábitat del hombre
ya no es el mismo.
Hacia aquí, se seca, se agrieta,
ya solo piedra y polvareda.
Hacia allá, la abraza
el agua furiosa,
que arrasa
con las casitas, los plantíos,
los animalitos.
Hacia aquí, la muerte por la sed.
Hacia allá, la muerte por el agua.
“El hábitat del hombre
ya no es
el lugar de la vida buena”
se lamenta la abuela.
va’ekue ñandéve ko yvy ape ári…”
he’i che jarýi.
Ha katu
yvypóra rekoha
iñambuepa.
Ápeo ikä, ojeka,
ita ha yvytimbóntema.
Amógotyo oñuamba
y pochy
ojaho’ipáva
ogami, kógami,
tymbamimi.
Ápeo, ñemano yuhéigui.
Amógotyo, ñemano ýpe.
“Yvypóra rekoha
ndaha’evéima
teko porä renda”
oñembyasy che jarýi.
“Dios había puesto todo
para nosotros sobre esta tierra...”
dice la abuela.
Pero
el hábitat del hombre
ya no es el mismo.
Hacia aquí, se seca, se agrieta,
ya solo piedra y polvareda.
Hacia allá, la abraza
el agua furiosa,
que arrasa
con las casitas, los plantíos,
los animalitos.
Hacia aquí, la muerte por la sed.
Hacia allá, la muerte por el agua.
“El hábitat del hombre
ya no es
el lugar de la vida buena”
se lamenta la abuela.
8 mar. 2007
Oguapyháguive
Cheirü kuñanguérape guarä (A mis compañeras mujeres)
Ha’e ohecha ko yvy ári ojehúva,
ro’y ha mbyry’ái ohasáva ohóvo,
ojapo tembi’urä,
oitypei, ojaojohéi,
omokambu imemby
ha ombo’e mitänguérape
mbo’ehao mboriahumíme
oguapyháguive.
Ha kuarahy ojayvývo,
opávo hembiapoita,
ojahu vai vai
ijapykáguive,
hendami omýivaguive,
oha’arö jyva oiporiahuverekóva
ohupi va’erä
omoï chupe
hupamíme.
Ella ve lo que ocurre sobre la tierra,
el frío y el calor que van pasando,
prepara la comida,
barre, lava la ropa,
da de mamar a su hijo,
y enseña a los niños
en la pobre escuelita,
desde su silla.
Y cuando el sol se agacha,
cuando acaban sus tantas labores,
se baña mal que mal
desde su silla,
desde su lugar rodante,
esperando unos brazos compasivos
que la levanten
y la dejen
en su camita.
Ha’e ohecha ko yvy ári ojehúva,
ro’y ha mbyry’ái ohasáva ohóvo,
ojapo tembi’urä,
oitypei, ojaojohéi,
omokambu imemby
ha ombo’e mitänguérape
mbo’ehao mboriahumíme
oguapyháguive.
Ha kuarahy ojayvývo,
opávo hembiapoita,
ojahu vai vai
ijapykáguive,
hendami omýivaguive,
oha’arö jyva oiporiahuverekóva
ohupi va’erä
omoï chupe
hupamíme.
Ella ve lo que ocurre sobre la tierra,
el frío y el calor que van pasando,
prepara la comida,
barre, lava la ropa,
da de mamar a su hijo,
y enseña a los niños
en la pobre escuelita,
desde su silla.
Y cuando el sol se agacha,
cuando acaban sus tantas labores,
se baña mal que mal
desde su silla,
desde su lugar rodante,
esperando unos brazos compasivos
que la levanten
y la dejen
en su camita.
4 mar. 2007
Anína

“Anína,
anina upéicha...
Che róga nio, chamígo...”
Hasë soro mita’imi
ojepokua yvyra rakamby
hóga vaikuemi ojokóvare.
“Anína...”
ijuku’apa
ha imbokáva opyvoíma katu,
omokechëma
hógami..
“No, por favor,
por favor, así no...
Es mi casa, amigo...”
Llora desgarrado el niñito
aferrado al horcón
que sostiene su casita destartalada.
“No, por favor...”
jadea
mientras el del fusil ya patea,
ya inclina
su casita.
anina upéicha...
Che róga nio, chamígo...”
Hasë soro mita’imi
ojepokua yvyra rakamby
hóga vaikuemi ojokóvare.
“Anína...”
ijuku’apa
ha imbokáva opyvoíma katu,
omokechëma
hógami..
“No, por favor,
por favor, así no...
Es mi casa, amigo...”
Llora desgarrado el niñito
aferrado al horcón
que sostiene su casita destartalada.
“No, por favor...”
jadea
mientras el del fusil ya patea,
ya inclina
su casita.
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